Proteger lo que no se puede reemplazar
El día 15 de enero los medios y alarmas saltaron tras la erupción volcánica submarina producida en Tonga, situado al noreste de Nueva Zelanda y al sudeste de las islas Fiyi. El resultado: un tsunami recorrió las costas del Pacífico de punta a punta.
Las alarmas de tsunami se prendían en Chile y las olas se alzaban en Perú, país que anunciaba emergencia climática luego que un barco petrolero de la compañía española Repsol sufriera el impacto de las olas, en las inmediaciones de Lima. Como resultado, se vertieron un total aproximado de 6.000 barriles de petróleo en el mar.