Proteger lo que no se puede reemplazar
El lago Titicaca, el mayor lago de agua dulce de América del Sur y el más alto de los grandes lagos ubicado en los Andes de Perú y Bolivia, sufre las repercusiones de la contaminación minera e industrial sus aguas ya no tienen el mismo color que solían tener y por sus aguas la contaminación se hace ver.
Las abundantes lluvias en el año 2015 generaron una proliferación de algas nocivas provocando la muerte de los peces. Lo cierto es que el cambio climático ha generado variaciones: en la temperatura, la humedad, los vientos, y en los recursos hídricos, en la fauna y flora del lago y de esa manera afectando las actividades económicas de las comunidades.
En Bolivia la cuenca del río Katari es el principal colector de las aguas residuales y el principal afluente del lago menor donde drena toda la contaminación minera, industrial y doméstica hacia la bahía de Cohana.
En un reportaje en el medio La Vanguardia se habla de “La lenta muerte del Titicaca” en la nota se cita a personas que viven en la cuenca del Titicaca Ya “no se puede vivir en el lago”, lamenta Alfredo Machicado, pescador desde hace 45 años.
Machicado es miembro de una asociación de catorce pescadores que, en sus mejores momentos, tuvo 60 integrantes. Trabaja en un sector donde el agua se mantiene en el umbral de contaminación y todavía es clara. Ha optado por permanecer ahí a pesar de obtener pocas capturas, porque a su edad ya le es difícil cambiar de actividad.