La amenaza de los salares en Chile

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Por  Nicole Chiffelle y equipo TOPes.

Entrevista a Guy Wenborne, fotógrafo.

Junto con Argentina y Bolivia, Chile es parte de lo que internacionalmente se conoce como el “Triángulo del Litio”, una zona donde se concentra cerca del 85% de las reservas de este mineral que en los últimos años aumentó frenéticamente su demanda por su rol fundamental en el desarrollo de la electromovilidad.

Conocido como el oro blanco, el litio es un metal liviano que destaca por su capacidad de conducir calor y electricidad, condición necesaria para el almacenamiento de energía. Estos atributos lo han convertido en un insumo insustituible para el desarrollo tecnológico.

Conversamos con el destacado fotógrafo chileno, Guy Wenborne, quien por más de tres décadas ha fotografiado la naturaleza de Chile desde el cielo, por tierra y por mar, sobre su visión y la incidencia que la creciente industria del litio tiene sobre estos ecosistemas.

La fotografía aérea ha sido un área destacada de tu carrera, ¿qué es lo que más te gusta de fotografiar desde el cielo?

Lo que más me gusta de fotografiar desde la distancia del cielo es que lo que veo, de cierta forma, es lo que no vemos desde tierra, por lo tanto, es un complemento a mi percepción del entorno y me permite observar desde otra dimensión. Me fascina volar y me gusta mucho estar allá arriba; la máquina, los aviones, los motores… entiendo mucho el tema aéreo y me encanta.

 ¿Y has podido constatar algún cambio en el territorio que llame tu atención?

Sí, lo que más me sorprende es la expansión geográfica humana y cómo se ha ido apoderando de territorios naturales. He sido testigo de los avances de la humanidad y el retroceso de la naturaleza, y me preocupa mucho más ese cambio antropocéntrico que el cambio de los glaciares, o de las mareas, o las playas, que cambian naturalmente. El efecto humano sobre el planeta de cierta forma no tiene vuelta atrás, y no es consciente.

 Y cuál es tu percepción sobre la minería en el norte de Chile y su incidencia en este territorio?

Creo que el negocio de la minería está silenciosamente destrozando el norte de Chile. Como el desierto es de cierta forma un paisaje incomprendido por su desnudez y austeridad, su belleza es más difícil de valorar, y eso es muy beneficioso para el negocio minero porque no hay mucha intención ni voluntad de proteger estos territorios.

La minería y todo lo que conlleva no sólo hacer un hoyo para extraer un mineral, sino los lastres de material que dejan y la afectación de los relaves mineros que son lodos tremendamente tóxicos, solo produce un beneficio económico en el aquí y ahora, pero hay un efecto a largo plazo que no nos importa. Vivimos absolutamente pendiente del aquí y el ahora, y la minería está haciendo su negocio ahora.

 El norte de Chile se considera poco porque la mayoría lo ve como un territorio “en que no existe nada”, ¿cuáles son los ecosistemas que se ven afectados por el desarrollo minero?

Esa supuesta nada o ese desierto tan falto de una exuberancia evidente también tiene vida, pero es una vida tremendamente frágil y mínima. Es un territorio al que le ha costado mucho tiempo poder subsistir y sustentarse, por lo tanto, le cuesta mucho recuperarse de la destrucción y el efecto humano. Las quebradas que bajan con un hilito de agua son proveedoras de pasto para que habiten algunos bichos, algunos guarisapos y dan alimento a los animales que transitan por ahí… Los grandes salares que están en el altiplano son ecosistemas muy importantes porque proveen de agua y de alimentación a una cadena que va desde el crustáceo invertebrado que habita esas aguas y es alimento del flamenco, del zorrito, del lagarto, de la vicuña, entonces son oasis de vida. El problema es que vivimos en una sociedad tremendamente antropocéntrica y ese tipo de ambientes naturales los ve como un recurso económico.

¿Qué te ha tocado ver con respecto al litio y al crecimiento de esta industria que depende de los salares?

Me preocupa mucho el futuro de los salares altoandinos y que nos comportamos de una forma infinita en un planeta que es finito. He visto desde el aire, después de 120 años, todas las heridas en la tierra que el auge del negocio del salitre dejó. Un territorio tremendamente alterado en un período muy corto de tiempo. Sus huellas aún están ahí y el territorio no ha logrado recuperarse. Eso es lo que me preocupa del futuro de los salares, que mucho se habla de la electromovilidad, de las baterías y la electricidad como que fuera la solución del mundo tecnológico y el transporte a nivel mundial, que de por sí me parece absolutamente razonable y lógico, pero el problema es que esa electricidad hay que almacenarla en baterías y esas baterías están construidas en base al mineral del litio. Y Chile tiene la mayor producción potencial de litio en el mundo, por lo tanto, es un negocio capaz de producir mucho dinero.

Me preocupa mucho lo ingenuo que podamos ser como chilenos de que nos convenzan de que el negocio del litio es una oportunidad y que no podemos dejar de aprovecharla. He escuchado mucho esas palabras… pero ¿quiénes la van a aprovechar? No sé ¿A quiénes le van a repartir toda esa plata? No sé ¿Quién va a perder con todo este negocio? La naturaleza, como siempre.

¿Estos salares altoandinos solo existen en Argentina, Bolivia y Chile?

Sí, existen sólo en el Altiplano y son únicos en el mundo. Son fósiles vivientes, aguas que están ahí desde hace miles de años y que se han demorado en llegar a su estado actual cientos de miles de años en los que se han acumulado las sales, se ha evaporado el agua y se ha desarrollado un frágil ecosistema con un equilibrio perfecto… Cuando llega un ser humano y dice “nooo, es que este salar tiene exceso de agua” me parece de una ignorancia y una arrogancia horrible, porque ¿quién es ese ser humano para decir que este salar que se ha venido formando a través de miles de años, el día de hoy tiene exceso de agua? ¿Según quién? ¿Quién es dios para decir que ese salar tiene más agua de lo que corresponde por lo tanto podemos extraerla para explotarla?

No nos hemos apropiado como sociedad de esos salares y hay una inercia en la percepción de los ambientes naturales prístinos como que fueran recursos económicos. Estos salares altoandinos son tan escasos y únicos, que tenemos la responsabilidad de protegerlos a nivel mundial.

 Sabemos que la extracción del litio amenaza la existencia de los salares, ¿la minería podría llegar a ser sustentable como han señalado las autoridades?

Yo creo que no, porque qué es lo que es sustentable. Es como empezar a torcer los números y las estadísticas para que algo que no tiene razón de ser se perciba como razonable. La palabra sustentabilidad es tremendamente dúctil, manipulable, maleable. La naturaleza es capaz de sustentar lo que puede sustentar, ni más, ni menos. Es un frágil equilibrio. El ser humano como le pone números a ese equilibrio, interpreta los números a su favor.

 ¿Y en tus vuelos por el norte has visto alterado ese equilibrio?

Cuando he sobrevolada la parte sur del Salar de Atacama y he visto esa tremenda cantidad de piletas que están evaporando el agua que han extraído de las profundidades del salar, entonces me digo: ¿De dónde sale esa agua? Del fondo del salar ¿Y de adónde viene esa agua? De la cordillera que se percola a través de los cerros y se acumula en las napas subterráneas del salar. Y pienso que como cada vez hay menos agua precipitando en las altas cordilleras, menos agua entra al salar, sin embargo, seguimos extrayendo como si el clima fuera estable y siguiera precipitando lo que precipita normalmente. Nuevamente tiene que ver con que estamos tan preocupados de vivir el aquí y el ahora, que no nos importa mucho lo que dejemos para adelante.

 El salar de Atacama y muchos de los salares que están alrededor forman parte de la Reserva Nacional Los Flamencos, ¿cómo funciona entonces esta protección ahí?

La categoría Reserva permite la explotación y por eso el salar de Atacama ha sido proveedor de litio hace 20 años. Solamente la categoría de Parque Nacional prohíbe todo tipo de explotación y ningún salar tiene esta categoría. El salar de Maricunga, donde actualmente existen estudios exploratorios para su explotación, se rodea del Parque Nacional Nevado de Tres Cruces, pero no se incorpora al parque; al salar de Aguas Calientes lo rodea el Parque Nacional Llullaillaco, pero no lo incorpora; la Reserva Nacional Los Flamencos, que contiene alrededor de 6 salares altoandinos es Reserva, no Parque Nacional, por lo tanto, la legislación siempre se ha preocupado de dejar estos ecosistemas como recursos naturales, no como Parques Nacionales protegidos no explotables. Cuando se creó el Parque Nacional Salar de Huasco por primera vez se incorporó un salar en esta categoría, pero luego por una triquiñuela de inscripción de los territorios a raíz de un supuesto conflicto con una comunidad aymara, el salar de Huasco se desafectó de su categoría de Parque Nacional y volvió a ser un área no protegida.

 ¿Crees tú que Chile debiera privilegiar la protección de estos espacios naturales por sobre estas actividades extractivas?

Yo sueño con un cambio de paradigma. Dejar de ver la naturaleza como un recurso económico y pasar a verla como nuestro salvavidas al futuro, entender que la naturaleza es nuestro amortiguador y que nos va a permitir subsistir más adelante como especie. Escuchaba una entrevista de Alex Muñoz (abogado ambientalista) en que decía súper claro que lo que nos trajo hasta el 2020 no es lo que nos va a llevar hasta el 2050, entonces esta inercia que tenemos como sociedad de pensar que todo es un recurso económico no nos va a llevar a sustentarnos como seres humanos. Es tremendamente importante resguardar al menos un 30% de áreas naturales que van a amortiguar el efecto humano. Si no resguardamos esa zona de compensación natural de la feroz hambre devoradora del ser humano, nos vamos a destruir nosotros mismos.

 Te he escuchado varias veces hablar sobre “la humanitis”¿a qué te refieres con ello?

Cuando hablo de que el planeta tiene humanitis me refiero a que somos nosotros mismos la enfermedad del planeta. Ahora he visto mucho circular en instagram una imagen, una caricatura, como que el planeta estuviera enfermo a raíz del Covid 19 y la verdad que eso está tremendamente equivocado. En el fondo, el planeta no está enfermo, el planeta está muy feliz porque su enfermedad está en crisis. Estamos tan preocupados de comer hoy día, de vivir en el aquí, y esa forma de resolver nos va llevar a la muerte sí o sí. Vivimos de una forma irresponsable y mi trabajo y la fotografía aérea me ha permitido ver y entender desde la distancia lo pequeño que somos y lo gigante del efecto que provocamos como especie en nuestro entorno procurando satisfacer nuestras necesidades. Quizás esa inercia como especie de protegernos en el aquí y ahora será lo que nos llevará a la extinción y no veo nada de malo en ello.

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