Proteger lo que no se puede reemplazar
Las ballenas tienen una conexión vital y saludable con el océano, esenciales para su salud aún muertas representan un aporte para que la vida oceánica subsista. Es como si estos seres tan especial tuvieran unos superpoderes que les hace ser tan indispensables como cotizadas. Cazadas, añoradas y admiradas estos cetáceos son sólo vida y bondad con todo lo que las rodea.

Las ballenas el bosque del océano
La importancia de esta especie radica en que su conservación es fundamental para mitigar el calentamiento global. Las ballenas son los bosques del océano la capacidad de una ballena para confinar carbono de la atmósfera es igual a la de miles de árboles.
Un árbol absorbe alrededor de 28 kilos de CO2 al año; una ballena, hasta 33 toneladas en toda su vida. Estos cetáceos juegan un papel importante en la captura de dióxido de carbono. Sus gigantes cuerpos son un gran depósito de carbono que se almacena durante su larga vida y que cuando mueren y se hunden en el fondo del mar, permiten que el carbono quede secuestrado durante cientos de miles de años.
Los súper poderes de las ballenas
Mientras viven, trasladan nutrientes esenciales desde el fondo del mar hasta la superficie y con sus colosales heces, aportan minerales escasos en los mares, en especial hierro y nitrógeno, que necesita el fitoplancton para crecer. Estas criaturas microscópicas aportan al menos el 50% de todo el oxígeno a la atmósfera de la Tierra, y se estima que capturan hasta el 40% de todo el CO2 que se produce, lo que equivaldría a cuatro bosques como el Amazonas. Más fitoplancton lo que significa más captura de carbono.
Aún muertas son un aporte, la descomposición de su cuerpo comienza poco después de la muerte de una ballena, cuando el interior comienza a descomponerse. Luego, el animal se expande con gas y, a veces, flota hasta la superficie del océano, donde puede ser devorado por tiburones y aves marinas. Con el tiempo, el gigante oceánico comenzará a hundirse, cayendo kilómetro tras kilómetro, hasta finalmente detenerse en el fondo marino. Aquí es cuando el cadáver se conoce como caída de ballena.

Las caídas de ballenas pueden nutrir todo un ecosistema de criaturas de las profundidades marinas, desde grandes carroñeros hasta bacterias microscópicas. Proporcionan a los habitantes del fondo oceánico, una repentina e inmensa fuente de alimento.
Las ballenas también realizan algunas de las migraciones más largas de todos los mamíferos de la Tierra. A lo largo de estos viajes oceánicos, o “corredores azules”, las ballenas fertilizan los ecosistemas marinos por los que se desplazan y sustentan la vida marina que los habita.
Las grandes amenazas
A pesar del vital papel que desempeñan en la salud de nuestro planeta y de nuestras propias vidas, las ballenas se enfrentan a un avalancha de nuevas y crecientes amenazas por parte de los humanos.
Unas 300,000 ballenas, delfines y marsopas mueren cada año al quedar enredados en las redes de pesca. El tráfico marítimo, que se expande constantemente, está provocando más colisiones entre las ballenas y los barcos y está más que duplicando la contaminación acústica submarina cada década. El cambio climático está cambiando las poblaciones de las presas de las ballenas, especialmente en las regiones polares, por lo que cada vez les resulta más difícil encontrar alimento. Cada año, ocho millones de toneladas de plástico se vierten en el mar, aproximadamente el equivalente a un camión de basura lleno cada minuto. Un nuevo estudio revela que las ballenas que se encuentran cerca de las grandes ciudades ingieren alrededor de 3 millones de microplásticos por día.
La crisis de nuestros océanos está afectando la recuperación y la salud de las poblaciones de ballenas de diferentes maneras en todo el mundo. Si bien la moratoria sobre la caza comercial de ballenas permitió que algunas poblaciones se recuperaran del borde de la extinción, otras no lo han hecho. Seis de las 13 grandes especies de ballenas ahora están clasificadas como en peligro o vulnerables.
En definitiva, la humanidad necesita de los océanos, al restaurar las poblaciones de ballenas, podemos ayudar a restaurar los ecosistemas oceánicos y mitigar y desarrollar la resiliencia al cambio climático. Es ayudar a la naturaleza a ayudarse a sí misma y a todos los que dependemos de ella. Porque si hay más ballena existe más vida.
Fuente La Nación
Estudio Nature’s Solution to Climate Change
Fuente WWF
Fuente National History Museum