Proteger lo que no se puede reemplazar
Islandia es uno de los pocos países junto con Japón y Noruega que captura de manera comercial al cetáceo. El gobierno suspendió esta práctica en junio durante dos meses, pero a finales de agosto volvió a autorizarla a partir del 1 de septiembre, una decisión muy criticada por los grupos de defensa de los derechos de los animales.
Para justificar su nueva autorización, el ministerio de Agricultura y Pesca consideró en un comunicado que existe una base para “cambiar los métodos de caza, que propicie menos irregularidades y, por tanto, una mejora desde el punto de vista del bienestar animal”. La realidad es que el gobierno de Islandia ignora a sus ciudadanos.
El rorcual común, también conocido como ballena de aleta, es considerada una especie en peligro de extinción y, de hecho, cerca de la mitad de la población exige la eliminación de esta nueva regulación, mientras que un tercio quiere que esta continúe.
La caza de ballenas tiene cara de empresario
El empresario que caza ballenas se llama Kristjan Loftsson, a Loftsson le gusta decir que hay sangre de ballena corriendo por sus venas. Él y su hermana son los accionistas mayoritarios de la empresa Hvalur, el negocio ballenero que alguna vez dirigió su padre (hvalur, que se pronuncia [kava-lur] es la palabra que designa a las ballenas en islandés).
Loftsson, de 75 años, es el último cazador comercial de ballenas de aleta en el mundo. Ha sido denunciado por grupos ambientalistas y sus barcos han sido hundidos por activistas radicales, pero su negocio es legal debido a que Islandia no reconoce el veto internacional sobre la caza comercial de ballenas. Loftsson y su hermana son los accionistas principales de Hvalur, el negocio de caza de ballenas que alguna vez fue operado por su padre. (Hvalur significa ballena en islandés).
Hoy, Islandia y Noruega son los únicos países que permiten la caza comercial de ballenas. Los cazadores japoneses operan bajo un permiso de investigación emitido por su propio gobierno. Para Loftsson y quienes lo apoyan, la caza de ballenas no difiere mucho de la agricultura o la pesca. “Si es sustentable, cazas”, dijo.
El sufrimiento de la ballena
Esta matanza indiscriminada provoca un dolor indescriptible a las ballenas, los barcos cazan con arpones de cabeza explosiva. La descarga se programa para estallar dentro del cuerpo del animal. Algunas veces, se necesita un segundo disparo. Luego amarran a las ballenas heridas y tapan sus orificios hasta que se ahogan. Aunque se dice que se hacen las muertas continúan vivas experimentando un intenso dolor.
La ballena muerta es llevada a la única estación de caza de ballenas de Islandia, en un fiordo al norte de Reikiavik, donde es rebanada para obtener carne. La mayoría se destina a Japón.
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